¿Hasta dónde puede llegar un niño “pobre”?*
Por Emiliana Vegas
A los cinco años Gustavo Dudamel ya tenía su propia orquesta. Ponía la aguja del tocadiscos de su padre –trombonista y salsero– sobre un acetato con la Séptima Sinfonía de Beethoven. Entonces agitaba en el aire un pedazo de alambre, su batuta, y dirigía a los muñecos que cuidadosamente había dispuesto alrededor en el patio de su abuela. Lo hacía con la misma pasión con la que hoy dirige a la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles.